22 ago. 2013

EL MÁS ALLÁ EN LA PREHISTORIA


Manos pintadas en cuevas
Existen más de veinte cuevas entre España, Francia e Italia, con imágenes de manos pintadas en sus paredes y por lo general en formato negativo. Las cavernas con mayor número de ellas son las de Gargas (Altos Pirineos Franceses), Maltravieso (Cáceres) y del Castillo (Santander), estas últimas en España, aunque en todas las partes del mundo existen representaciones de manos. El simbolismo que encierra la representación de manos en el arte rupestre del Paleolítico, sigue siendo un misterio a pesar de los estudios realizados al respecto.

Manos de la cueva de El Castillo (España) realizadas con la técnica del aerografiado

Manos y ritual mágico-religioso

La opinión más generalizada, es la de situarlas en el campo mágico-religioso. En él, la imagen es utilizada para retransmitir la voluntad del hombre cazador o el sacerdote. Las grutas escogidas para para convertirse en Santuarios, debieron ser el escenario adecuado paras la celebración de estos rituales, cuyo alcance y naturaleza apenas conocemos, pero marcan el inicio de los que más tarde se convertirá en Religión. Estas ceremonias mágicas serán el vehículo con el cual el hombre buscará su propia realización. Su mundo mágico es fiel exponente de la eterna lucha entre el hombre y lo desconocido. A través del brujo, se invoca a las divinidades y se exorcisa a los espíritus malignos por el bien de la comunidad.

Tipo de huellas

Estas manos aparecen a veces en forma de huellas en positivo, logradas posiblemente por medio del contacto de la mano untada de pintura contra la pared, pero normalmente se encuentran en negativo, al colocar la manos sobre la roca y colorear por encima de ella; al ser retirada la mano, queda plasmada la forma de la misma. Se han encontrado más representaciones de manos izquierdas que derechas, pues resultaría más fácil utilizar la mano derecha para pintar o aplicar la técnica del vaciado de color, soplando a través de una caña o un hueso hueco.

Finalidad de las manos

Unas mismas manos serían usadas de forma repetida por los cazadores antes de partir  a cumplir una misión tan importante como la caza, base de su economía y supervivencia. Durante las ceremonias, el brujo intercedía entre el hombre y los espíritus, para proporcionarles psíquicamente, el influjo necesario para dominar al animal. Posiblemente debían colocar su mano sobre la pintada y así, lograr dominar a la bestia, al sentirse amparado y protegido por las fuerzas sobrenaturales. No debe extrañar la abundancia de manos en ciertos lugares de estos santuarios, pues seguramente estarían dedicadas al culto del más allá, al desconocido y temido mundo de los espíritus, ante los cuales el hombre estaba indefenso.

En la cueva francesa de Pech-Merle, existe una representación plástica de caballos asociados a unas manos pintadas en negativo. Se trataría de un ritual mágico de encantamiento y posesión a través de la imagen. Estos mismos rituales de “magia simpática” se pueden apreciar en diversas manifestaciones del arte parietal (el que aparece en las paredes de las grutas, cuevas y abrigos rocosos) de aquellos tiempos.

Pinturas de Pech-Merle
La representación de manos pintadas, está muy difundida en el arte rupestre de Argentina. La mayoría aparecen plasmadas en cuevas y abrigos situados en las provincias de Santa cruz y Chubut.

Cueva de las Manos de Santa Cruz (Argentina)
El caso de las imágenes de huellas de tamaño reducido, podrían ser debidas a jóvenes iniciados en los ritos mágicos dedicados a la pubertad, que con estas ceremonias entraban en la categoría de adultos cazadores y ofrecían simbólicamente sus manos, como exvoto (ofrenda a los dioses).

Manos mutiladas y rituales funerarios

En ciertas representaciones de manos se puede observar que les faltan falanges en alguno de sus dedos. Esto indicaría que debió existir un ritual con sacrificio dedicado a los difuntos y quizás esta falange amputada fuese enterrada con el muerto y simbolizar el acompañamiento del ser querido de forma eterna, en su vida de ultratumba.

Ceremonias con seccionamiento de falanges digitales las encontramos entre las poblaciones más primitivas de nuestro planeta. Según los investigadores, el hombre de aquellos tiempos enterraba con gran cuidado a sus muertos, bajo el suelo de la gruta, acompañándolo de sus útiles personales y alimentos; sobre las piedras que cubren al difunto se enciende un fuego con el fin de proporcionarle el calor que ha desaparecido de su cuerpo, haciendo todo lo posible para prolongarlo, creyéndolos dotados de poderes superiores a los suyos.

Estas mutilaciones en señal de duelo o como sacrificio propiciatorio, encuentran paralelo por ejemplo, con ciertas tribus de indios norteamericanos y entre los bosquimanos (desierto de Kalahari, en Africa del sur). El famoso explorador James Cook cita que observó en las Islas del Pacífico, concretamente en las Islas Fiji, rituales de mutilaciones: Cuando moría un jefe, se celebraba un ritual que exigía la amputación de ciertos dedos.

Enterramientos y más allá

Casi todas estas sepulturas aparecen con restos de color ocre rojo, lo que tiene un claro significado ritual, pues el rojo es el color de la sangre (símbolo de la vida). El arqueólogo irlandés Stewart Macalister expuso que si el muerto iba a revivir un día en su mismo cuerpo del que los huesos son su estructura, colorearlos de rojo era lo que se aproximaba más, en un intento de facilitar que el cuerpo sirviese de nuevo al individuo en otra existencia. La utilización de ocre rojo en la inhumaciones (enterramientos), quizás signifique que el color debía tener en aquella época un marcado simbolismo mágico y así, las manos plasmadas en rojo, negro o blanco, fueron usadas para ceremonias y rituales diferentes según sus necesidades.

Temor a la muerte

En todas las culturas pasadas y presentes, existen gran variedad de actos religiosos dedicados al mundo de las tinieblas. El temor a la muerte, ha sido siempre motivo de intranquilidad en el hombre, lo que queda reflejado en las sepulturas de todas la épocas, en las que se ha acompañado el cadáver con los más diversos objetos.

Un ejemplo curioso, pero que tiene lógica, es la costumbre extendida entre los esquimales, de enterrar junto al niño muerto, una cabeza de perro para que lo guíe y acompañe hacia la tierra de las almas.

El culto al cráneo

Los rituales dedicados al culto del cráneo fueron abundantes en el hombre de la prehistoria. Parece que la costumbre de que una vez concluido o estando avanzado el periodo de descomposición del cuerpo, separaban la cabeza del tronco y escogían algunos otros huesos, que eran limpiados como el cráneo y se pintaban o recubrían con arcillas, facilitando a los familiares el conservar junto a ellos parte del esqueleto, pues intentaban apropiarse mediante su posesión de las virtudes del difunto. Esta primitiva concepción se puede relacionar con lo que pasa en la actualidad, con el culto a las reliquias y la creencia del contagio de la virtud del que la lleva, así como la función de protección.

La conservación de las cabezas separadas del resto del cuerpo, aún se sigue practicando en muchos pueblos actuales para conseguir que los espíritus de los antepasados no abandonen a sus descendientes y les inspiren y protejan de las fuerzas desconocidas o del mal.

La creencia de mantener a los muertos cuidados y ofrecerles presentes para invocar su ayuda, como cuando se acude a visitarlos en sus tumbas, crea una nueva creencia religiosa que llega hasta nuestros días.

Pinturas rupestres y chamanismo. Documental



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