19 oct. 2012

LA VISITA AL CIELO DEL DR. EBEN ALEXANDER




El Dr. Eben Alexander, relató a un semanario su viaje “fuera del cuerpo” cuando estuvo en estado de coma. Según dijo fue una odisea de siete días en lugares celestiales.

Alexander, de 58 años de edad, especialista de neurología que ha sido profesor en la Escuela Médica de Harvard (Boston, EEUU).

Explica que antes de vivir su experiencia, rechazaba desde la lógica científica que esto fuera posible . Sin embargo su postura ha cambiado tras haberlo vivido. Afirma que vio el cielo y que hay vida más allá de la muerte.

La historia de Alexander ha llamado la atención hasta el punto de ser portada en la última edición de Newsweek, que titulaba “El cielo es real: La experiencia de un doctor en la otra vida”. El doctor Alexander, de fe cristiana, afirma que inició el viaje cuando entró en coma en 2008 después de contraer una meningitis bacteriana muy extraña.

Dice que a lo largo de siete días en estado de coma vivió en un lugar maravilloso. “Comenzó mi aventura en un lugar especial, más alto que las nubes, inconmensurablemente superior”, dice en el reportaje. “Había criaturas. ¿Pájaros? ¿Ángeles? Estas palabras no hacen justicia a los seres que vi, que sencillamente eran formas superiores, diferente a todo lo que he conocido en este planeta”, explica el doctor.

Estas “criaturas” emitían fuertes sonidos, “como un canto glorioso”, dice Alexander. “Más tarde he razonado que se trataba de expresiones de alegría”. El sonido “era palpable y casi material, como una lluvia que puedes sentir en tu piel, pero no te moja”.

Alexander dice que viajó a través de este cielo, rodeado de “millones de mariposas”, con una mujer. Ella le dio tres mensajes: “Ustedes son amados y apreciados, queridos, para siempre”, “No tienes nada que temer” y “No hay nada que puedas hacer mal”.

“Yo sé que esto es algo tan extraordinario, cómo increíble. Un médico me comentó que todo estaba en mi mente. Pero lo que me pasó, lejos de ser una alucinación, fue tan real o más real que cualquier otro acontecimiento en mi vida. Antes de mi experiencia era muy escéptico sobre las experiencias cercanas a la muerte. Hoy en día sé que es una realidad. No sólo el universo está definido por la unidad, pero sé que ahora también forma parte el amor. He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones médicas más prestigiosas de Estados Unidos. Sé que muchos de mis compañeros al igual que yo éramos defensores de la teoría de que el cerebro genera conciencia y de que vivimos en un universo desprovisto de cualquier tipo de emoción, y mucho menos por el amor. Lo que me ocurrió ha cambiado todas mis creencias y teorías, y tengo la intención de pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia, sabiendo que somos mucho más que un cerebro físico.


Mientras que mis neuronas estaban ofuscadas en completa inactividad por la bacteria que las había atacado, mi conciencia libre-de-cerebro viajó a otra dimensión más grande del universo: una dimensión que nunca soñé que existía. 

Al prinicipio de mi aventura, estaba en un lugar lleno de nubes. Grandes y frondosas nubes blancas y rosas que relucían drásticamente contra el cielo azul-negro. Más alto que las nubes –inconmensurablemente alto- bandadas de luminosos seres diáfanos arqueaban a lo largo y ancho del cielo, dejando banderolas detrás de ellos. Formas superiores.

Por la mayor parte de mi travesía, alguien más estaba conmigo. Una mujer. Ella era joven, y la recuerdo en completo detalle. Tenía pómulos pronunciados y ojos de un azul profundo. Trenzas doradas emarcaban su hermoso rostro. Cuando la vi por primera vez, estábamos deslizándonos juntos en una superficie de patrones intrincados que después de un momento reconocí como las alas de una mariposa. De hecho, miles de mariposas estaban alrededor de nosotros (grandes olas aleteantes de ellas), internándose en el bosque y resurgiendo de nuevo. 

Sin usar palabras, ella me habló. El mensaje recorrió mi ser como un viento, e instantáneamente vi que era verdad. Lo supe de la misma forma que supe que el mundo que nos rodeaba era real, no algo fantasioso, pasajero e insubstancial.

Me movía constantemente hacia adelante y me descubrí entrando en un inmenso vacío, completamente oscuro, de tamaño infinito, e infinitamente confortante. Totalmente oscuro, como era, también rebosaba de luz: una luz que parecía emanar de un orbe brillante que ahora sentía a mi lado. El orbe era una especie de “interprete” entre yo y esa vasta presencia circundante. Era como si estuviera naciendo a un mundo más grande, y el universo entero era como un vientre cósmico gigante, y el orbe (que sentía estaba de alguna manera conectado, o incluso era idéntico, a la mujer que montaba el ala de mariposa) me estaba guiando en el proceso. 


Cada vez que preguntaba algo, las respuestas prorrumpían instantáneamente en explosiones de luz, color, amor y belleza que soplaba a través de mi como una ola chocando contra la playa.

La física moderna nos dice que el universo es una unidad –que yace indiviso. Aunque aparentemente vivimos en un mundo de separación y diferencia, la física nos dice que detrás de la superficie, cada objeto y evento en el universo está completamente entretejido con cualquier otro objeto y evento. No hay verdadera separación.

He pasado décadas como neurocirujano en algunas de las instituciones más prestigiosas de este país. Sé que muchos de mis colegas mantienen (como yo lo hacía) la teoría de que el cerebro, y particularmente el córtex, genera la conciencia y que vivimos en un universo carente de toda emoción, mucho menos que vivimos en un universo de amor incondicional como el que ahora sé nos tienen Dios y el universo. Pero esa creencia, esa teoría, ahora yace rota a mis pies. Lo que me sucedió la destruyó, y mi intención es pasar el resto de mi vida investigando la verdadera naturaleza de la conciencia y dando a conocer a mis colegas científicos y a la gente en general el hecho de que somos muchísimo más que nuestros cerebros".

RELATO DE LA EXPERIENCIA EN AUDIO E IMÁGENES


AUDIO DEL RELATO




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